Fotografia de frida kahlo

🦉 Fotografia de frida kahlo

💛 Cubismo

Frida Kahlo se mira en un espejo. Lleva una blusa blanca y negra y una larga falda negra, con el pelo trenzado y recogido. La vemos a ella y a su reflejo: las dos Fridas. Este es uno de los retratos de la artista, realizados en 1944 por su amiga Lola Álvarez Bravo, la primera fotógrafa de México. Lo que estas imágenes de Kahlo en su jardín captan con tanta claridad es la propia naturaleza de la relación de la artista con el mundo en general: nosotros mirando a Frida, mirándose a sí misma.

«Casi estaba pensando en su cuadro Las dos Fridas cuando la fotografié», recuerda Álvarez Bravo. «Con el paisaje detrás de ella en el reflejo, parece como si realmente hubiera otra persona detrás del espejo».

Casi 65 años después de la muerte de Frida Kahlo, la idea de dos Fridas persiste. Kahlo, que era tan radical en carne y hueso como en las pinturas oníricas de gran carga que extrajo de los altibajos de su vida, jugaba constantemente con los límites entre su yo público y privado. Pero mientras sus cuadros ofrecen una mirada incisiva a sus experiencias personales, una serie de fotografías muestran otra faceta de Kahlo, una faceta que no se revela en sus autorretratos, que constituyen aproximadamente un tercio de sus cuadros.

🏵 Surrealismo

Entre la colección de objetos personales de Frida Kahlo, descubierta en 2004 en su casa de Ciudad de México, la Casa Azul, había unas 6.000 fotografías, algunas nunca vistas. En aquella época, Kahlo era conocida por ser la modelo preferida de fotógrafos de fama mundial, pero poco más se sabía de su interés personal por la fotografía. La existencia de este archivo fotográfico personal reveló que Kahlo era una coleccionista entusiasta, que intercambiaba, almacenaba y firmaba personalmente cualquier cosa, desde retratos familiares e instantáneas de amigos hasta imágenes de personalidades de su época. Aún más sorprendente fue la revelación, gracias a un puñado de imágenes atribuidas a ella, de que la propia Kahlo era fotógrafa.

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Otras dos fotografías recién descubiertas, encontradas en la colección de la Royal Photographic Society, recientemente adquirida por el V&A, proporcionan una prueba más de la relación de toda la vida de Kahlo con la fotografía. Tomadas en 1945, documentan la asistencia de Kahlo a un seminario dirigido por el fotógrafo y profesor estadounidense Nicholas Haz. Haz daba frecuentes conferencias sobre composición fotográfica y, en particular, sobre pictorialismo, un movimiento estilístico muy popular a principios del siglo XX. Los profundos conocimientos de Kahlo sobre el proceso, la técnica y la estética fotográfica influirían tanto en sus propios autorretratos como en la imagen que proyectaba al mundo a través del objetivo de otros fotógrafos.

🙂 Retrato de alicia galant

Muchos de sus atrevidos, bellos y brutales autorretratos parecen inclinarse hacia el surrealismo, representando a su creadora como un ciervo herido, una columna arquitectónica o incluso un estudio anatómico con el pecho abierto sentado frente a su gemelo idéntico. Sin embargo, la artista mexicana Frida Kahlo se negó rotundamente a esa categorización a lo largo de su carrera. «No pinto sueños ni pesadillas», dijo. «Pinto mi propia realidad». Esta realidad, tanto en la vida como en el lienzo, contenía extremos de miseria y éxtasis. Pero, por encima de todo, contenía dolor, el compañero constante de Kahlo, desde su primer contacto con la poliomielitis cuando era pequeña hasta el accidente de autobús al que sobrevivió por poco en su adolescencia, y que la dejó con complicaciones de salud que la persiguieron durante toda su vida.

Quizás sea precisamente la disparidad entre su imagen pintada y la fotográfica lo que hace que la imagen de Kahlo sea hoy una fuente de fascinación. ¿Qué puede ser más revelador, después de todo, que ver cómo se ve alguien y cómo se ve a sí mismo, uno al lado del otro? ¿Qué es más real, qué es más preciso? Sus señas de identidad estilísticas y sartoriales -su espesa cabellera trenzada, tejida con cintas y flores frescas; sus largas faldas tradicionales hasta el suelo, usadas en parte para ocultar su pierna derecha deformada; la desafiante uniceja que enmarcaba sus ojos oscuros- se han convertido en omnipresentes, recreadas miles de veces en postales, artículos de papelería e incluso ropa. Pero si mirar sus cuadros es encarnar su experiencia, visceral e inflexible, es en las fotografías de la artista donde podemos dar un paso atrás en busca de objetividad. Con un poco de distancia, vemos a Kahlo de nuevo.

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🐸 Las dos fridas

Nacida de padre alemán y madre mestiza, Kahlo pasó la mayor parte de su infancia y de su vida adulta en La Casa Azul, su casa familiar en Coyoacán, ahora accesible al público como Museo Frida Kahlo. Aunque quedó discapacitada por la poliomielitis cuando era niña, Kahlo era una estudiante prometedora que se dirigía a la facultad de medicina hasta que sufrió un accidente de autobús a los 18 años, que le causó dolores y problemas médicos de por vida. Durante su recuperación, retomó su interés infantil por el arte con la idea de convertirse en artista.

El interés de Kahlo por la política y el arte la llevó a afiliarse al Partido Comunista Mexicano en 1927,[1] a través del cual conoció al también artista mexicano Diego Rivera. La pareja se casó en 1929,[1][5] y pasaron juntos los últimos años de la década de 1920 y los primeros de la de 1930 viajando por México y Estados Unidos. Durante este tiempo, desarrolló su estilo artístico, inspirándose principalmente en la cultura popular mexicana, y pintó sobre todo pequeños autorretratos que mezclaban elementos de las creencias precolombinas y católicas. Sus cuadros despertaron el interés del artista surrealista André Breton, que organizó la primera exposición individual de Kahlo en la Galería Julien Levy de Nueva York en 1938; la exposición fue un éxito, y le siguió otra en París en 1939. Aunque la exposición francesa tuvo menos éxito, el Louvre compró un cuadro de Kahlo, El marco, convirtiéndola en la primera artista mexicana que figuraba en su colección[1] A lo largo de la década de 1940, Kahlo participó en exposiciones en México y Estados Unidos y trabajó como profesora de arte. Dio clases en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado («La Esmeralda») y fue miembro fundador del Seminario de Cultura Mexicana. La salud de Kahlo, siempre frágil, empezó a decaer en esa misma década. Su primera exposición individual en México tuvo lugar en 1953, poco antes de su muerte en 1954, a la edad de 47 años.

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